Lo que te reanima la sangre (y te renueva el alma)
A veces pasa en la vida que te encuentras en un momento anímico no especialmente bueno, que pasas por una decepción, y decides apartarte del camino para coger fuerzas, o simplemente, como era mi caso, abandonarlo del todo por uno más fácil. Momentos en que piensas que ya nada se puede conseguir, ni siquiera la mínima ilusión, o la pequeña alegría que supone darte de bruces con algo que te haga despertar eso que tienes dentro de ti, y que no puedes controlar, que te hace escribir (e intentar vivir de ello) aunque la vida solo te devuelva tropezones y pedradas. También la culpa es de uno: el tiempo te enseña que no podemos centrarnos profesionalmente sólo en una cosa, y más cuando esa cosa da pocas alegrías económicas (salvo raras excepciones, de gente que aúna el buen trabajo con la suerte y los contactos) y tratas de conseguirlo a capella , a calzón quitado, tirando de ganas y esfuerzo, pero descuidando muchas cosas que marcan la frontera entre la insensatez y el delir...