Una literatura épica ibérica

 

La novela histórica sigue siendo uno de los nichos literarios más buscados por aquellos que quieren encontrar una buena lectura que les entretenga y les aporte la evasión, y también la ensoñación, que desean encontrar en la literatura.

En el mercado actual encontramos una buena porción de títulos dedicados a las antiguas mitologías clásicas, además de las que pueden considerarse novelas puramente históricas ambientadas en la antigua Roma, la Grecia clásica o el Egipto faraónico.

Entre las novelas mitológicas, cabe destacar que en los últimos años ha habido un auge de las obras protagonizadas por las “mujeres culpables” de la Antigüedad Clásica, esto es, de los personajes femeninos que fueron señalados como la causa de los males que les ocurrían a las ciudades, a los héroes, o a la propia Humanidad. Estos son los casos, por ejemplo, de Pandora, Helena de Troya, o Casandra.



Este tipo de literatura me parece realmente positivo, es bueno dar voz a las mujeres, en el contexto de una mitología innegablemente escrita por y para hombres como es la grecorromana. Sin embargo, en lo personal, creo que los escritores españoles deben (debemos) hacer un esfuerzo creativo, y dejar de fijarnos en narrativas externas, para crear nuestro propio género literario, que consista en crear obras que cuenten historias de nuestro pasado mítico, e histórico, algo que no se ha hecho con frecuencia hasta el momento, y que la causa de ello no es la ausencia de temas, sino, quizá, el complejo tan español de pensar que nuestra Historia prehistórica y antigua no interesa a nadie, y que Iberia no tiene un corpus mitológico tan rico como para crear mucha literatura acerca de él.

Evidentemente, quien afirma esto desconoce completamente la Historia Antigua de Iberia, más allá de lo que haya podido aprender en la escuela o en otras instituciones educativas, que, ciertamente, ofrecen una formación muy deficitaria, sobre todo en los períodos más antiguos que las colonizaciones mediterráneas de los siglos X al VIII a.C. , excepto a lo que concierne a la evolución humana, o las pinturas rupestres de Altamira.

Sin embargo, Iberia fue el territorio más extremo para los autores clásicos, tanto para hablar de riquezas y maravillas, como para hacerlo de monstruos, y las mismas puertas del Inframundo. Un territorio repleto de riquezas, poblado por seres monstruosos, y peligros mortales a cada paso.

Para mí, este relato de una tierra rica poblada por criaturas infernales tiene una lectura ideológica y política, que va más allá del consabido argumento de que esto era así porque la Península Ibérica, al estar en el otro extremo del mundo conocido, y por ello allí es donde se colocaban las maravillas y los monstruos. No, para mí, conociendo que Iberia tuvo, desde tiempos muy antiguos, relaciones comerciales intensas con el resto del Mediterráneo Antiguo, y del Atlántico (la ruta del estaño que va mucho más allá del período de la colonización fenicia, y es al algo que está meridianamente demostrado), y para eso tuvieron que existir estructuras políticas lo suficientemente fuertes como para organizar y estructurar todo aquello.

Pero no es este el lugar para hablar de estos temas, que se corresponden con la investigación y divulgación científica, lo que quería exponer es que el pasado milenario de Iberia presenta multitud de temas interesantísimos que merecen ser trasladados a la literatura en general, y a la novela mitológica e histórica, en particular. Esa idea es la que me hizo, en lo personal, escribir mi primera novela, y continuarla con la que en estos momentos estoy terminado de revisar y editar, y que saldrá a la venta a lo largo de los últimos meses de este año.

Escribí “El Caos fue solo el principio” en el año 2021, y con ella pretendí iniciar una serie de títulos con los que reunir, en un hilo argumental de tramas separadas, las mitologías y las historias de Iberia, Grecia, el norte de África y Egipto para ofrecer al lector un conocimiento de los relatos legendarios de nuestro territorio, donde se unen los trabajos, y los caminos, de varios personajes que se convertirán en monstruos, mártires, héroes o villanos, según la óptica de los personajes que contemplan sus acciones. Y creo, modestamente, que el resultado del esfuerzo que me hizo escribir esa novela es positivo, y tremendamente gratificante para mí.

“El Caos fue solo el principio” narra la historia de como una gran ciudad, Tarssis, enclavada en un lugar estratégico que le permitía controlar el comercio entre tres continentes y dos mares, se encuentra en el momento más alto de su prosperidad, con una dinastía de reyes establecida desde su fundación, y que había gobernado sin discusión sobre un territorio extenso durante muchas generaciones, gracias, entre otras cosas, a la potencia naval y a la explotación de un metal que hacía a sus guerreros invencibles tanto por sus armaduras como por sus armas.

Sin embargo, la llegada de un extraño personaje llamado Merzakles provocará una serie d acontecimientos que dinamitarán la paz en la que vivía la ciudad, sus gobernantes, y habitantes, y que llevará a un desenlace que nadie podría creer, y que muchos considerarían una venganza de los dioses por los actos crueles de los guerreros de Tarssis.

Esta primera novela es mi humilde aportación como escritor a ese género de la épica ibérica que creo tan necesaria, y que podéis disfrutar, si es vuestro deseo, entrando en la página de Amazon, y adquiriéndola en e – book o tapa blanda. Espero sinceramente que la disfrutéis, y os despierte interés acerca de lo que ocurrirá en la segunda parte, que, como he dicho, ya está cerca de su publicación. Un saludo, y seguimos leyéndonos.

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