Lo que te reanima la sangre (y te renueva el alma)

 A veces pasa en la vida que te encuentras en un momento anímico no especialmente bueno, que pasas por una decepción, y decides apartarte del camino para coger fuerzas, o simplemente, como era mi caso, abandonarlo del todo por uno más fácil. 

Momentos en que piensas que ya nada se puede conseguir, ni siquiera la mínima ilusión, o la pequeña alegría que supone darte de bruces con algo que te haga despertar eso que tienes dentro de ti, y que no puedes controlar, que te hace escribir (e intentar vivir de ello) aunque la vida solo te devuelva tropezones y pedradas. 

También la culpa es de uno: el tiempo te enseña que no podemos centrarnos profesionalmente sólo en una cosa, y más cuando esa cosa da pocas alegrías económicas (salvo raras excepciones, de gente que aúna el buen trabajo con la suerte y los contactos) y tratas de conseguirlo a capella, a calzón quitado, tirando de ganas y esfuerzo, pero descuidando muchas cosas que marcan la frontera entre la insensatez y el delirio. 

Pero paro de hablar de mi. O al menos de cómo veo ahora lo que era antes. Al fin y al cabo, se trata de mandar un mensaje positivo en esta presentación, y no lo contrario. 

Muchas veces pasa lo que he dicho, que crees que nada puede despertar la más mínima gota de ilusión, o de creatividad, que tenías antes, hasta que te la encuentras de golpe y porrazo. En mi caso fue una exposición, de la que esperaba sólo entretenimiento, y me encontré con un estímulo que me sacudió la sangre y el alma. Me refiero a la exposición de los vampiros que acabó hace unos meses en el Caixa Forum de Madrid, y que ahora se expone en Barcelona. 


Antes de mi visita, yo conocía, en realidad, muy poco del género vampírico. Leí a los 17 o 18 años "Drácula", comencé "El misterio de Salem´s Lot" de Stephen King sin terminarlo, y recuerdo vagamente el tono dulzón y afectado con el que mi profesor de literatura del instituto hablaba de "Carmilla", y hasta ahí llegaba todo. 

Claro, también conocía las leyendas históricas de Vlad Tepes y Erzsebeth Báthory (más como producto de mi verdadera pasión por la Historia) y no he vivido en una cueva para no conocer (y haber sufrido) la saga cinematográfica de "Crepúsculo", pero esto último ni siquiera lo consideraba género vampírico sino un mal chiste.


Me desvío: entré pues, en la citada exposición, y nada más entrar, el golpetazo anímico que siempre se produce cuando estoy ante algo que me va a producir un interés mayor del que esperaba. Ante cada foto, manuscrito, pintura, cartel o escena cinematográfica sentí cada vez más un empuje que me decía que sacudiera mi tristeza, y volviera a tomar el boli y el papel, o a abrir el Word de mi portátil, y escribiera. Aquello, definitiva, y paradójicamente, había logrado "reanimarme" la sangre, y devolverme el alma, que estaba perdida en un océano de melancolía y frustración. 

¿Qué quiero decir? ¿Cuál es el fin de esta parrafada? Que desde entonces he vuelto a leer, mucho, y he vuelto a escribir. Eso fue lo que me recuperó. Por eso ha nacido este blog, y esta entrada, dedicada a aquellos que cabalgan a lomos del potro desbocado de la escritura. Tan difícil de domar, y de encaminar hacia el sendero del éxito y el reconocimiento. 

Todos tenemos nuestra exposición de los vampiros particular. Sólo tenemos que no negarnos a encontrarla. 


Comentarios

  1. Hola, amigo, estreno tu blog dejando mi comentario :). Me alegro muchísimo de que hayas decidido volver a escribir. Estoy segura de que nos esperan grandes, y espero, terroríficas y apasionantes, historias contigo. Un abrazo fuerte y mucho ánimo.

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    1. ¿Terrorífico de malo, o terrorífico porque da miedo? Hay que especificar, mujer... jajajajjajaja. Muchas gracias por estrenar la cajita de comentarios, amiga. ¡Unh abrazo muy fuerte!

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  2. Hola, amigo, estreno tu blog dejando mi comentario :). Me alegro muchísimo de que hayas decidido volver a escribir. Estoy segura de que nos esperan grandes, y espero, terroríficas y apasionantes, historias contigo. Un abrazo fuerte y mucho ánimo.

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